Las Consecuencias

La vida es difícil. Se requiere de mucha valentía poder salir todos los días a la calle a enfrentar el mundo, y aún más para poder volver todos los días y enfrentarse uno mismo. Sin embargo, la dificultad que uno encuentra al vivir la vida que uno mismo ha elegido no va más allá de las decisiones que uno toma, así como la actitud con la que recibe las consecuencias naturales de esas decisiones.

Considera por un momento a un hombre que camina por la orilla de un precipicio. Al ver a la distancia el valle que queda debajo piensa que la gravedad, aquella fuerza natural, puede ser un arma de dos filos: Por un lado puede ser algo bueno y absolutamente necesario, porque mantiene las cosas en su lugar e impide que floten y se pierdan en el vacío. Por otra parte, si uno se lanza de este precipicio, al llegar al fondo y topar con el suelo uno muere instantáneamente dependiendo de la altura.

El mismo concepto, en este caso la gravedad, puede ser algo bueno y algo malo a la vez, dependiendo de la perspectiva con la que lo veamos, y la actitud que tengamos al recibir las consecuencias de nuestras decisiones. Piensa nuevamente en este hombre. Si el decide saltar de la orilla del acantilado, ¿Crees que la culpa de su muerte es la gravedad? Por lógica la gravedad es una consecuencia, no un detonador; la gravedad actuó al aplicar las leyes sin discriminar a quien se aplicarían. Podemos decir que la culpa la tiene la gravedad porque no “Impidió” que un hombre muriese, pero eso sería ridículo; la gravedad sólo hizo lo que está diseñada para hacer, y fue el hombre quien decidió arrojarse.

Esta situación se repite a diario, y tal vez tú mismo hayas estado en ella. Permíteme explicarme aun mejor. Considera a un hombre que chantajea a su familia con abandonarlos si ellos no hacen algo que el quiere. Lo que él haga son sus decisiones. Ahora piensa en las personas con problemas mentales o emocionales, específicamente en los que intentan cometer suicidio y culpar a otros por sus decisiones. No existe razón alguna por la cual otra persona tenga la culpa de un suicido más que el suicida. Él podrá decir que lo hará porque una mujer no lo ama y que es su culpa, pero la verdad es que el hombre se arroja al precipicio, y la gravedad no tiene la culpa.

La gente lo hace todos los días al culpar a Dios por cosas que son estrictamente nuestra responsabilidad. En algún momento habrás escuchado las palabras “Si Dios es tan bueno, ¿Porque hay hambre en el mundo? O “¿Si Dios es tan bueno por qué no nos quita los problemas?”. La verdad es que el hambre mundial y los demás problemas han sido causados por nosotros mismos, y el estado en el que estamos es una consecuencia de nuestros actos, no un “Castigo” de Dios. Lo cruel sería que Dios no nos hubiese dicho lo que sucedería si seguíamos por este camino. El hombre del acantilado no tenía la menor idea de al llegar al fondo, no podría simplemente detenerse de caer y estrellarse contra el suelo. Entonces, lo correcto sería decirle a ese hombre lo que sucederá si lo hace, así sus decisiones serán más sabias.

Dios ha hecho lo mismo. Él nos ha dado la lista de cosas que suceden en ciertos casos. Nosotros tomamos las decisiones de seguir adelante con nuestras vidas u obedecerle a Él para una vida mejor, y una segunda vida eterna junto a Él cuando esta vida termine.

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