La Ley de la Utilidad Marginal Decreciente

Continuado de “El Amor al Dinero… pero no el Dinero mismo

En la entrada anterior hablé un poco de la perspectiva que cada persona tiene en cuanto a la riqueza material. Establecimos que no es el dinero mismo el origen de todos los males, sino el amor desmedido que ciertas personas le tienen. También establecimos que el dinero es medio para llegar a un fin, pero no es el fin mismo.

La ciencia detrás de la respuesta que algunas personas dan para estar contentos con lo poco que tenemos es un principio psicológico llamado “Ley de la Utilidad Marginal Decreciente”. Esta “Ley” psicológica no tiene un paradigma definido, ni valores exactos establecidos, pero nos da una clara idea de lo que sucede en el subconsciente de aquel que menos tiene.

Este principio, desarrollado por el Inglés Stanley Jevons, el Austriaco Carl Menger y el Francés León Walras, menciona que existe un fenómeno que ocurre cuando cada individuo consume bienes o servicios. También dice que este fenómeno, denominado “Satisfacción”, aumenta en tanto aumenta el consumo, pero que su aumento es menor cada vez que se consume más.

Un ejemplo útil sería el siguiente: Supongamos que existe una escala de satisfacción que varía del 1 – totalmente insatisfecho, hasta el 10 – totalmente satisfecho. En esta escala, comprar un producto – digamos, una manzana – nos daría un sentido de satisfacción de 10. Al comprar otra manzana, conseguiríamos satisfacción también, pero esta vez a razón del número 8. Comprando la tercera manzana, la satisfacción disminuye a 5 para esa manzana. Entonces, teóricamente al comprar 3 manzanas, nuestro grado de satisfacción debería ser 30. Sin embargo, nos damos cuenta que en realidad es 10 + 8 + 5 = 23. Consecutivamente, toda manzana comprada a partir de la última añadiría menos de 1 a nuestra satisfacción.

Esta ley psicológica es lo que se llama “Utilidad – satisfacción – Decreciente”. Esta ley ayuda a explicar lo que experimentan las personas que menos tienen, y por qué es que disfrutan tanto su situación. En términos coloquiales, experimentamos “Pequeños-grandes placeres”. Cada día, como mi padre, luchan arduamente por un pago magro. Cuando lo reciben, la satisfacción que experimentan al gastarlo es mayor, en proporción, que aquella que recibirían si compraran el mismo producto teniendo muchos más recursos.

Es por esto que las empresas como Elektra, Famsa, Coppell, etc., son tan exitosas. Sus comerciales están llenos de propaganda que presenta la idea de “Vivir Mejor”. Aquellas personas que consumen su producto experimentan tal satisfacción al comprar que regresan por más, (por cierto terminan pagando mucho más del valor del producto solo porque es a crédito, además de que los precios, aun de contado, son excesivos). El valor emocional de la satisfacción que sienten es mayor que el valor racional monetario del producto. Esto genera un sentido de logro, éxito, en pequeña escala. Es decir, para una familia de bajos recursos, comprar un televisor nuevo es mayor logro que para una familia de muchos recursos comprar un auto nuevo, por la ley de la Utilidad Marginal Decreciente.

Entendí, pues, la razón por la cual mi padre era feliz con su trabajo como mecánico; cada día de pago nos llevaba a cenar fuera de casa. Esto generaba un sentido de satisfacción que no podríamos conseguir si la abundancia llegase a tocar nuestra puerta.

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