La Definición de la Demencia

Para mí, la demencia es hacer lo mismo una y otra vez esperando, en cada ocasión, resultados distintos” – Albert Einstein

Tengo que admitir que la primera vez que escuché este famoso dicho fue a través de un reverendo en una congregación evangélica. Él decía “Si siempre hacemos lo mismo, obtendremos los mismos resultados”. Una pequeña variación al ya bien conocido dicho de Albert Einstein, citado por primera vez en los años 50´s.

Me sorprende la cantidad de personas que ignoran esta definición, ya sea por no haber escuchado nunca esta cita de Einstein, o simplemente por no haber llegado ya a esta conclusión. Pero me sorprende aún más las personas que, buscando colgarse de la fama de otros, repiten este dicho una y otra vez, cayendo ellos mismos en la misma definición de lo que acaban de citar. En otras palabras, repiten esta frase célebre una y otra vez, esperando que los oyentes alcancen resultados distintos por el mero hecho de haberlo escuchado.

Sucedía cuando era niño. Papá repetía los mismos chistes, historias o consejos una y otra vez. Cada vez que lo hacía ponía el mismo enfoque y seriedad. No estoy seguro si algún día se detuvo a pensar que ya habíamos escuchado sus consejos y chistes varias veces, o si no le importaba. Lo que sí sé es que le brindaba más gracia a él decirlo que a nosotros escucharlo.

En la vida sucede lo mismo con muchas personas. Estoy seguro de que has conocido gente que repite el mismo consejo una y otra vez. Mi jefa es una de ellas. El año pasado escuchó esta frase célebre de Einstein. Le gustó tanto que hoy en día lo sigue repitiendo en cada junta que tenemos, no como recordatorio, sino como si fuese la primera vez. Existen personas que van por la vida haciendo lo mismo, diciendo lo mismo y pensando lo mismo, hasta que llega el día de partir. Su existencia no está marcada por grandes logros o avances o epifanías, sino por la rutinaria monotonía del diario vivir. Hoy escuchas un consejo de ellos, y años después, cuando vuelves a verlos y buscas nuevamente su consejo, te dicen exactamente lo mismo. Su mensaje no es fresco; no brinda nueva información ni agrega valor o enriquece tu existencia.

Pero hay otro tipo de personas que son como el buen vino; van aumentando y mejorando con el tiempo. Hoy los escuchas decir algo totalmente nuevo e innovador, y cuando vuelves por más, tienen un mensaje diferente, fresco, revitalizante, distinto, motivador y hasta retador. Albert Einstein era una de estas personas. Sus ideas y su mensaje eran tan radicales que a las personas en sus años les costó trabajo asimilarlo. De ahí el dicho “Está adelantado a su época”.

Pocas personas en este mundo tienen este tipo de mentalidad, y la verdad es que los más escasos de ellos siempre tienden a descubrir estas verdades nuevas y radicales a base de pura experiencia o pensamiento. En otras palabras, no disfrazan un mensaje de lo que han escuchado a otros, sino que de la experiencia que la vida les ha dado, ellos dan y comparten a través de consejos y dichos. Mi consejo es siempre aprender lo que más puedas de toda persona, pero sobretodo de aquellas que tienen un mensaje fresco, innovador, radical y hasta contra-cultural.

Te dejo el día de hoy con uno de mis dichos favoritos:

Aquellos que se atreven a fracasar miserablemente son los que alcanzan grandeza” – John F. Kennedy

La Ley de la Utilidad Marginal Decreciente

Continuado de “El Amor al Dinero… pero no el Dinero mismo

En la entrada anterior hablé un poco de la perspectiva que cada persona tiene en cuanto a la riqueza material. Establecimos que no es el dinero mismo el origen de todos los males, sino el amor desmedido que ciertas personas le tienen. También establecimos que el dinero es medio para llegar a un fin, pero no es el fin mismo.

La ciencia detrás de la respuesta que algunas personas dan para estar contentos con lo poco que tenemos es un principio psicológico llamado “Ley de la Utilidad Marginal Decreciente”. Esta “Ley” psicológica no tiene un paradigma definido, ni valores exactos establecidos, pero nos da una clara idea de lo que sucede en el subconsciente de aquel que menos tiene.

Este principio, desarrollado por el Inglés Stanley Jevons, el Austriaco Carl Menger y el Francés León Walras, menciona que existe un fenómeno que ocurre cuando cada individuo consume bienes o servicios. También dice que este fenómeno, denominado “Satisfacción”, aumenta en tanto aumenta el consumo, pero que su aumento es menor cada vez que se consume más.

Un ejemplo útil sería el siguiente: Supongamos que existe una escala de satisfacción que varía del 1 – totalmente insatisfecho, hasta el 10 – totalmente satisfecho. En esta escala, comprar un producto – digamos, una manzana – nos daría un sentido de satisfacción de 10. Al comprar otra manzana, conseguiríamos satisfacción también, pero esta vez a razón del número 8. Comprando la tercera manzana, la satisfacción disminuye a 5 para esa manzana. Entonces, teóricamente al comprar 3 manzanas, nuestro grado de satisfacción debería ser 30. Sin embargo, nos damos cuenta que en realidad es 10 + 8 + 5 = 23. Consecutivamente, toda manzana comprada a partir de la última añadiría menos de 1 a nuestra satisfacción.

Esta ley psicológica es lo que se llama “Utilidad – satisfacción – Decreciente”. Esta ley ayuda a explicar lo que experimentan las personas que menos tienen, y por qué es que disfrutan tanto su situación. En términos coloquiales, experimentamos “Pequeños-grandes placeres”. Cada día, como mi padre, luchan arduamente por un pago magro. Cuando lo reciben, la satisfacción que experimentan al gastarlo es mayor, en proporción, que aquella que recibirían si compraran el mismo producto teniendo muchos más recursos.

Es por esto que las empresas como Elektra, Famsa, Coppell, etc., son tan exitosas. Sus comerciales están llenos de propaganda que presenta la idea de “Vivir Mejor”. Aquellas personas que consumen su producto experimentan tal satisfacción al comprar que regresan por más, (por cierto terminan pagando mucho más del valor del producto solo porque es a crédito, además de que los precios, aun de contado, son excesivos). El valor emocional de la satisfacción que sienten es mayor que el valor racional monetario del producto. Esto genera un sentido de logro, éxito, en pequeña escala. Es decir, para una familia de bajos recursos, comprar un televisor nuevo es mayor logro que para una familia de muchos recursos comprar un auto nuevo, por la ley de la Utilidad Marginal Decreciente.

Entendí, pues, la razón por la cual mi padre era feliz con su trabajo como mecánico; cada día de pago nos llevaba a cenar fuera de casa. Esto generaba un sentido de satisfacción que no podríamos conseguir si la abundancia llegase a tocar nuestra puerta.

El Amor al Dinero… pero no el Dinero mismo

Cuando tenía 11 años se me ocurrió hacerle a mi padre una pregunta que dudo que algún niño no haya preguntado a esa misma edad. “Papá…” le dije tímidamente mientras cenábamos en familia “¿No te gustaría ser millonario?”. No recuerdo los detalles de toda la conversación. Estoy seguro de que mis hermanos dejaron ventilar opiniones que nadie les pidió. Si fue así, no lo recuerdo todo. Lo único que recuerdo es lo que mi padre me contestó: “No”.

He aquí una familia que experimenta escasez en cada punto de su vida. Mi padre luchaba arduamente como mecánico para proveer el pan cada día, mientras mi madre trabajaba como conserje en un edificio oficinal para apoyarlo. En mi limitada manera de pensar y con el poco entendimiento que tenía acerca del mundo que me rodea, inmediatamente pensé en la solución “¡Claro!” pensé “¿Cómo no se me había ocurrido antes?… ¡la solución es hacernos millonarios!”. Aun recuerdo el gusto que experimenté cuando tuvo ese momento Eureka. No podía esperar compartirlo con mi padre aquella noche. “Papá estará impresionado con mi descubrimiento” pensé.

No quería hacerlo sentir ignorante. Siempre que se me ocurría alguna idea, mis hermanos tenían la manera perfecta de hacerme poner los pies sobre la tierra. Me decían algo así como “¿Crees que si fuese posible, no se le hubiese ocurrido a alguien más?”. Ese era mi mata-sueños. La pregunta lógica que lograba reventar mi burbuja. Pero esta vez era distinto; no iba a presentar mi idea como el descubrimiento del siglo, sino como una pregunta casual, a la cual, según yo, tenía la respuesta.

Al hacerle la pregunta, contestó exactamente lo contrario de lo que pensé que iba a decir: “No”. Tuve que seguir interrogando. “¿Y por qué no?”, “Porque los ricos no son felices. Viven intentando proteger su dinero y nunca lo disfrutan”. En mi joven mente, esto no era razón suficiente para rechazar tan grande descubrimiento, y la solución a todos nuestros problemas. Iluso de mí, pues no tenía la menor idea de cómo es que se gana el dinero.

Hasta el día de hoy he sostenido que no existe peor excusa para no lograr, que el auto-convencimiento de que somos felices donde estamos. Es decir, la peor excusa para no alcanzar metas es querer justificarse pensando que realmente no queríamos alcanzarlas. En una entrada de un blog anterior expliqué cómo es que un amigo me dijo, con un toque de egocentrismo, que él prefería no tener dinero, puesto que era más feliz teniendo solo lo suficiente. Su razonamiento es que más de lo suficiente es vanagloria, y es malo. Le dije en su cara y con todo respeto “Esa es la excusa más egoísta que he escuchado. Tener solo lo suficiente para ti mismo sin pensar en los demás y lo que carecen. Es una falsa humildad; una lógica barata”. No le gustó la manera en que se lo dije, pero lo puso a pensar mucho en sus motivaciones.

Siempre he creído que la riqueza no se debe lograr solo para uno mismo. Aquel que quiere ser pobre, o tener solo lo suficiente para no preocuparse por lo demás es una persona que solo busca el beneficio propio y la manera de satisfacer sus propias necesidades; “Mientras tenga un pan qué cenar cada noche estoy contento” piensan con un aire de auto-complacencia que suena muy humilde. Pero en otras palabras lo que se está diciendo es “Con que yo tenga qué comer, no me importan los demás”. ¿Qué bien le hace al prójimo que tengas solo lo suficiente para ti mismo?

El dinero puede echar a perder a las personas, es muy cierto. Sin embargo, existen aquellos que tienen un corazón cerrado, sin importar cuándo tengan en sus cuentas de banco. Pueden ser pobres en su bolsillo, y aún más pobres en su manera de pensar egocéntrica. El dinero es un medio para llegar a un fin, no es el fin mismo. El dinero es una herramienta para la consecución de resultados, no es el resultado mismo. Uno no trabaja para conseguir dinero, sino para satisfacer sus necesidades de alimento, vivienda, calzado, etc. El bueno libro dice que “El amor al dinero es el principio de todos los males”. No es en sí el dinero, sino el apego que cada uno le tiene, y la prioridad en la que cada uno lo pone.

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Papa Olvida

W. Livingston Larned

“Escucha hijo: digo esto mientras estás dormido, con una manita en tu mejilla y tus rizos rubios aun mojados sobre tu frente. Me he metido en tu cuarto solo. Apenas hace unos minutos, mientras leía mi periódico en la librería, una ola de remordimiento me llegó por sorpresa. Culpable vengo a tu lado mientras duermes.

Hay cosas en las que he pensado hijo: he sido duro contigo. Te grité mientras te vestías para la escuela porque te limpiaste con una toalla. Te recordé que no habías limpiado tus zapatos. Te grité con coraje cuando soltaste tus cosas en el suelo.

Durante el desayuno también te encontré culpas. Tiraste algunas cosas. Comiste con la boca abierta. Subiste los codos sobre la mesa. Pusiste mucha mantequilla sobre tu pan tostado. Mientras te ibas a jugar yo me subía a mi auto. Me viste y levantaste tu mano en señal de adiós diciendo “Nos vemos, papi”. No sonreí, sino que te contesté “¡Párate derecho!”.

Cuando regresaba comenzó todo de nuevo. Mientras llegaba a la casa te miré arrodillado jugando canicas. Había agujeros en tu ropa por jugar en el piso. Te humillé ante tus amiguitos haciéndote marchar hacia la casa. Pensé que la ropa es cara, y que si tú tuvieses que comprarla tendrías más cuidado. ¡¿Te imaginas eso, hijo, de un padre?!

¿Recuerdas, más tarde, cuando leía en mi librería, como viniste tímidamente con un poco de dolor en tus ojos? Cuando miraba por encima de mi diario, impaciente por la interrupción, titubeaste antes de entrar. “¿Qué quieres?” pregunté.

No dijiste nada, sino que corriste tempestuosamente y arrojaste tus brazos sobre mi cuello y me besaste, apretando tus bracitos con un afecto que solo Dios pudo hacer florecer en tu corazón, y que incluso el descuido de un padre no pudo marchitar. Un minuto después desapareciste, corriendo hacia tu cuarto.

Pues hijo, un poco después el diario se me deslizó de las manos mientras un temor terrible y enfermizo me llegó. ¿Qué me ha hecho el hábito? El hábito de encontrar culpa, de regañar. Esa era mi recompensa para ti por el simple hecho de ser un niño. No es que no te amara; es que esperaba demasiado de tu juventud. Te medía con el metro de mis propios años.

Hay tantas cosas que son verdaderamente buenas en tu persona, en tu carácter. Ese pequeño corazón tuyo es tan grande como el amanecer sobre los rubios campos. Me lo demostraste en tu deseo espontáneo de correr, abrazarme y besarme. No hay más qué importe esta noche. Hijo, vine a tu cuarto, junto a tu cama en la oscuridad, y me he arrodillado en vergüenza.

No es una verdadera reparación del daño que te he hecho: son excusas. Sé que no entenderías estas cosas si te las dijera cuando despiertes. Pero mañana seré un verdadero padre. Haré gestos contigo, sufriré lo que sufres y reiré cuando rías. Me morderé la lengua cuando vengan las palabras impacientes. Continuaré diciendo como un hábito “Es simplemente un muchachito, un niñito”.

Me temo que te miré como un hombre. Pero mientras te veo ahora dormido, hijo, dormido en tu cama, veo que eres un bebé. Apenas ayer estuviste en los brazos de tu madre, y tu rostro en su hombro. Te he exigido demasiado, demasiado”.

Frágil y Fuerte

¿Recuerdas aquellos retratos que solían verse en las paredes de los complejos oficinales, con el fin de motivar a los trabajadores? Si algún día estuviste la oportunidad de estar en alguna oficina, o algún piso de producción de una gran corporación, recordarás aquellas imágenes con significado emocional diseñadas para provocar a la reflexión: “La fama se hace en un momento, pero el carácter se forja en toda una vida”.

Yo recuerdo una imagen en particular que es quizá una de las que más logró inspirar reflexión. Decía “Los copos de nieve son las cosas más delicadas de la naturaleza. Y aún así, unidas, mira lo que pueden lograr” mientras veías la imagen similar a la del encabezado de este artículo: un bosque de prominentes árboles todos cubiertos en nieve.

Este tipo de mensajes rara vez dicen objetivamente lo que quieren decir. Regularmente te presentan una idea con un significado implícito, que si eres lo bastante perceptivo puedes inferir sin problemas. La parte que motiva a la reflexión es precisamente esa: no es tanto el mensaje mismo, sino el hecho de implicar una idea, mientras que nuestro cerebro subconsciente lucha con toda su fuerza por buscar un significado. De esta manera, el significado que le asignamos, a pesar de ser externo, es aceptado como generado por nosotros mismos. De esa manera el mensaje se impregna.

El valor que aprendí aquel día, y que no se ha apartado de mí desde entonces, es el poder de la unión. Seguramente también escuchaste el ya trillado dicho “La unidad hace la fuerza, y la fuerza mueve montañas”. Aun que sea un cliché a estas alturas, no le resta verdad alguna. Aprendí que las organizaciones más fuertes del planeta lograron serlo precisamente por eso: por ser organizadas, por estar unidas y todos luchando con un mismo objetivo en mente.

Los logros más grandes del hombre jamás se alcanzaron solos. Incluso aquel solitario Thomas Edison no pudo haber inventado el foco sin la ayuda de sus amigos. Entonces vemos que es un dicho literal que cuando nos unimos, podemos mover montañas. Las masas unidas pueden lograr cualquier cosa que se propongan. Hemos puesto un hombre en la luna. Hemos conquistado todo el planeta cientos de veces, bajo el régimen de miles de líderes y dictadores distintos. Hemos conquistado la naturaleza, las grandes adversidades naturales. Hemos desafiado el espejismo del envejecimiento y quizá pronto podremos descubrir la verdadera fuente de la eterna juventud. Hemos sido dotados de inteligencia superior. Te aseguro que si un visitante del pasado nos viera el día de hoy, verdaderamente seríamos una raza alienígena para él.

Imagina lo que se podría lograr si el mismo empeño que ponen los hombres en grandes organizaciones multimillonarias y multiculturales para lograr capital se invirtiera en cualquier problema actual de la humanidad. La guerra, la enfermedad, las pestes, el hambre o el odio. Me parece que lo que hace falta es la motivación adecuada. Es por eso que en estas grandes compañías intentan motivar al trabajador hacia un solo objetivo.

Yo pregunto: ¿Qué no puede hacer la unidad? Y termino preguntando ¿Estamos usando nuestra fuerza para el objetivo correcto?

Don Julian

Grandes Historias de Exito en Mexico

Podrás odiar a éste hombre por las razones que tú quieras. Tal vez no te gusta la calidad del servicio que da su compañía Telmex, o los precios con los que opera. O tal vez podrás amarlo, por sus muchas contribuciones en tema de caridad, por su visión, su solidez o su ingenio. Pero una cosa no se puede dejar de hacer: admirarlo.

Carlos Slim Helú es el hombre más rico de México, el tercero más rico del mundo y uno de los más poderosos. Recientemente se aferró en querer poseer una parte de la revista TIME, entre sus múltiples empresas donde figuran grandes y reconocidas marcas como Best Buy. Su visión y ejemplo de superación tienen pocas historias comparables.

Pero el verdadero logro no comenzó con él. Si bien él lo ha aumentando y lo ha perfeccionado, el logro comenzó con su padre, Julián Slim Haddad. Mucho se ha escrito de Carlos. Su foto se encuentra junto a la de grandes personalidades como el mismo Presidente Felipe Calderon, el ex-Presidente Bill Clinton. Su historia se ha publicado en miles de revistas, y su rostro a aparecido en miles de portadas. Ha estado consecutivamente en dos de las listas mas importantes de personas poderosas en el mundo: Forbes 100 y Time 100. Uno puede excusar a Carlos Slim por tener tan grande riqueza, ya que nació en cuna de oro, plata o cualquier otro material que te guste agregar. Sin embargo, su padre, Julián, no tuvo tal suerte. Julián fue, y sigue siendo, un ejemplo de superación y de autosuficiencia, en tiempos aun más peligrosos que los que vivimos hoy, en un país aun mucho más pobre y proveniente de un transfondo aun mucho más turbulento que el mexicano común. ¿Qué es lo que hizo que lograra tal hazaña? En mi opinión, valor, determinación, y sobretodo la apreciación de las cosas con la que contaba, lejos de quejarse de lo que no tenía. Slim estaba en desventaja con cualquier otra persona, incluso el mexicano mas humilde.

En 1902 totalmente solo, con 14 años de edad, sin hablar español y procedente de Líbano llegó a México Julián Slim Haddad. Esto es ya de por sí un comienzo mucho más difícil del que el mexicano común tiene al nacer. Slim Haddad llegó a México huyendo del yugo del imperio otomano, que en aquel entonces obligaba a los jóvenes a incorporarse a su ejército, por lo cual las madres exiliaban a sus hijos antes de que cumplieran los quince años.

Así, pues, llegó Don Julián, joven, enérgico y lleno de entusiasmo e ideas, después de desembarcar en Veracruz y partir a Tampico, Tamaulipas, con la convicción de salir adelante junto con el país que los había recibido. Era obvio que proviniendo de un país en conflicto y de bajo perfil, Julián apreciara lo que los mexicanos no hacían en su propio patio.

En Tampico se encontraban cuatro hermanos de don Julián que ya se habían establecido en la ciudad. Más tarde los hermanos Slim, cambiaron su lugar de residencia a la Ciudad de México y en 1904 Julián Slim, junto con su hermano José (trece años mayor que él) forman la sociedad mercantil llamada La Estrella de Oriente, bautizada así en honor a su lugar de origen. Se asociaron con un capital de 25,800 pesos, aportando el 50 por ciento cada uno de ellos. En mayo de 1914 y en plena Revolución Mexicana, Don Julián, con 26 años de edad, le compró a su hermano José el otro cincuenta por ciento por la cantidad de 30 mil pesos.

La Estrella de Oriente era una importante mercería ubicada en la Calle de Capuchinas (hoy Venustiano Carranza), que con el paso de los años y dada la enorme dedicación al trabajo de Don Julián así como su gran talento empresarial, para el 21 de enero de 1921, apenas diez años después de fundada la empresa, ya tenía mercancía por un valor superior a los 100,000 dólares, así mismo, para esas fechas, Don Julián ya había adquirido más de once propiedades en la zona, la cual era de las más comerciales, activas e importantes del centro de la Ciudad y por ende del país. El valor actual de la tienda sería superior a los 7 millones de dólares y el de las propiedades, alrededor de 28 millones de dólares.

¿No habrían, acaso, los mexicanos hacer algo así? Yo creo que sí. ¿Por qué no lo hicieron? Para el año de 1922, Don Julián contaba ya con un capital de $1,012,258 pesos entre propiedades, comercios y acciones diversas.

Gracias a su inteligencia y tenacidad en el trabajo, Don Julián Slim Haddad se convertiría en un prominente empresario y padre de familia ejemplar, que supo inculcar en sus hijos, tanto los valores morales, como la dedicación y conocimiento para el trabajo.
Las razones del éxito comercial de Don Julián Slim Haddad fueron simples: vocación, talento y trabajo. Don Julián se anticipó al pensamiento empresarial de su época, ya que tuvo un dominio profundo de la actividad comercial y ya en los años veinte hablaba de que el comercio eficiente era el que vendía grandes volúmenes, con márgenes reducidos y con facilidades de pago, factores que rigen a los grandes almacenes de descuento en la actualidad.

Carlos Slim Helú, nace el 28 de enero de 1940 en la ciudad de México, donde aprendió a muy temprana edad el valor de la familia como prioridad en la vida. También desde muy niño, recibió sus primeras enseñanzas empresariales, ya que Don Julián les daba a cada uno de sus hijos una libreta de ahorros junto con su habitual “domingo” y semana a semana, a fin de que administraran sus ingresos y egresos, la revisaban con él, veían sus gastos, compras y movimientos, así es como siguiendo esta regla, los hijos de Don Julián llevaban sus propios balances personales e iban viendo como se desarrollaba su propio patrimonio. A partir de entonces para el pequeño Carlos la inversión y el ahorro se volvió parte de su vida, siendo esto para él su primer aprendizaje empresarial, mismo que pronto pondría en marcha al abrir su primera chequera y comprar acciones del Banco Nacional de México con tan sólo 12 años de edad.

La riqueza, de todo tipo, tanto material como espiritual, no tiene una gran formula o secreto poco conocido y reservado para algunos. El trabajo duro, la prudencia y las ganas de superarse son más factores que el talento, el ingenio o el carisma. Estos últimos, a pesar de que son muy útiles al poseerlos, ni son necesarios ni suficientes. Determina hoy lo que quieres ser, y levántate cada día pensando en ello, buscando llegar a serlo. Acuéstate cada noche sabiendo que diste un paso adelante en tu meta. Ten en cuenta las palabras del famoso comunicador Dante Gebel: “No pueden quebrar mi voluntad; no pueden destruir mi determinación. Satanás debe elegir: o tiene un predicador o una espina clavada en el talón, pero no se puede deshacer de mi”. Con ésta actitud, todo es posible.

Fuente: Biografía de Carlos Slim Helú.

NOTA: Esta entrada incluye  comentarios del autor.

Liderazgo Emergente

Paul Kagame: Un Ejemplo de Cambio

“El Presidente de Rwanda, Paul Kagame, es el rostro del emergente liderazgo africano. Su estrategia para la reconciliación, modelo de manejo y el apoyo que ofrece a las mueres en cargos de liderazgo, aunado a su insistencia en la autosuficiencia de su pueblo, estan transformando un Estado Fallido en uno con un futuro brillante.

Kagame, 51, es uno de los pocos líderes que han servido de modelo en la transición de soldado a político. Durante el famoso Genocido de Rwanda, en 1994, el mundo contempló con horror el suceso, pero no hizo nada al respecto. Kagame es el responsable de acabar con ésta tragedia. Después del genocidio, la nación se encontró en ruinas. Kagáme, junto a otros de su equipo, comenzaron el lentro proceso de la reconstrucción. Ese proceso cambió su lentitud por una aguda rapidez cuando Kagáme fue electo Presidente en el 2000. Comenzó una serie de reformas y estrategias de reconciliación que han llamado la atención de inversionistas alrededor del mundo.

Su estilo de liderazgo tiene numerosas características poco comunes. Una de ellas es su voluntad para escuchar y aprender de sus oponentes. Cuando el reportero Stephen Kinzer escribía la biografía de Kagame, el Presidente le dio una lista de sus más grandes críticos y sugirió que Kinzer hablara con ellos. Su meta era que el escritor descubriera quien el Presidente realmente es, hablando con sus críticos. Solo un líder humilde y confiado haría eso.

Kagame tiene una política de cero-tolerancia a la corrupción en su país. Rwanda es uno de los pocos países del mundo donde rara vez (si no es que nunca) se pide o insinúa un soborno. Cualquier empleado público es humillado públicamente cuando se sorprende en el más minimo acto de corrupción, y es el pueblo quien decide su suerte”

Por Rick Warren, pastor de la Iglesia Saddleback en California.